La luna lunera mengua
con galas de miel dorada,
recostada su silueta,
su sonrisa me regala,
que se esparce por la arena
refugiándose en el agua.
Quiere envolverse en la
brisa,
saber a sal marinada,
pero una nube celosa,
con cautela, la arrebata.
Quiere ser solo su dueña,
poseer su blanca estampa,
y yo, paciente, la espero,
quiero sentirme atrapada
cuando vuelva a aparecer
y me regale su magia.
Marisol, 18-8-14
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