Suena el suave tintineo
un domingo por la tarde,
las campanas bailotean,
y unas palomas se asustan y
vuelan a refugiarse.
Son divinas pregoneras,
reclamo a la hora del rezo,
y en ocasiones extremas
alertan de algún suceso.
También muestran una pena
que, a veces, desgarra el viento,
cuando, tristes, van lanzando
un lloro y algún lamento.
Algunas veces repican
con júbilo y alegría
por alguna buena nueva
que nos traiga el nuevo día.
Son gentiles compañeras,
vecinas desde mi infancia,
forman parte de mi entorno,
de mi calle, de mi plaza.
Y aunque no comulgue yo
con las funciones del clero,
no me dejéis de cantar
vuestro dulce tintineo,
que nunca se ha de culpar
del pregón, al pregonero.
Marisol, 1-8-13
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