martes, 30 de septiembre de 2014

NUEVO DÍA


                               



   Me gusta sentir
cómo me miras en silencio.

   Dejar que se escape una sonrisa,
rozarme con tu piel
sintiendo intento de mezclarte
con mi pensamiento.

   Que asome una picardía,
que no sea todo noche,
que un atisbo de ternura
se convierta en un derroche.

   Y que brille en su intención
el nuevo día.
   Renovar mi tú, mi yo,
alegoría, rebelión
contra el rumor de la apatía.

                                   Marisol, 9-7-14

martes, 23 de septiembre de 2014

VI LLOVER


La otra noche vi llover
y no sé si estabas tú.

Tal vez sí, mas no importaba,
solamente era la lluvia,
querida y esquiva dama,
por tiempo tan deseada
negándose a aparecer.

La otra noche vi llover.
Su frescura acariciaba,
con  gotas destartaladas,
la desazón de mi sed,
pero, con gran timidez,
lentamente y con esmero
enjugó su suave llanto,
hizo mutis por el foro,
desapareció en silencio
y se diluyó el encanto,
pero sí, no lo soñé,
la otra noche vi llover.

                    Marisol, 3-9-14

lunes, 22 de septiembre de 2014

LUNA




La luna lunera mengua
con galas de miel dorada,
recostada su silueta,
su sonrisa me regala,
que se esparce por la arena
refugiándose en el agua.

Quiere envolverse en la brisa,
saber a sal marinada,
pero una nube celosa,
con cautela, la arrebata.

Quiere ser solo su dueña,
poseer su blanca estampa,
y yo, paciente, la espero,
quiero sentirme atrapada
cuando vuelva a aparecer
y me regale su magia.

                          Marisol, 18-8-14

jueves, 18 de septiembre de 2014

BESO



Estaba dulce aquel beso
que hizo amargo mi café.
Estaban tenues sus ojos
y en ellos me derramé.

Y aquel murmullo del agua
con un son de bienvenida
me auguraba unas mañanas
vestidas de buenos días.

Y recordar, retener
instantes, ya, del olvido
que quieren retoñecer
y adornarnos el camino.

No seré yo quien me aparte
de lucir con galanura
cualquier brote de esperanza
que sirva de compostura
para mantener la llama,
la ilusión y la ternura.

                             Marisol, 29-7-14

jueves, 11 de septiembre de 2014

UN BESO



Ese beso de esa tarde
que fue toda una sorpresa,
sin esperar su destreza
me turbó y me cautivó.

Sí, porque quedé aturdida,
casi ausente, acalorada,
mi corazón no esperaba
lo que allí me sucedió.

Fue en un cruce de caminos
y yo no le conocía,
me pilló tan sorprendida
que mi vida aceleró.

Y después, ¡a ver qué hacemos!,
pues nada, lo dialogamos,
con el ánimo aplacado
nos resultará mejor.

A ver quién inició el beso.
No nos poníamos de acuerdo,
que si tú fuiste primero,
por supuesto no fui yo.

Por fin se llegó a un consenso:
yo  besé tímidamente,
él se lanzó de repente
y culminó la pasión.

Esto acabó con papeles
de mutuo acuerdo firmados,
los seguros contratados
tendrán que hacer su labor.

Y por fin, de despedida,
            una flamante sonrisa:

   (yo)   pues eso, que no me alegro
por haberte conocido.
  (él)  Tal vez en otro camino
                      hubiese sido mejor.                         

 Marisol, 4-8-14    

sábado, 30 de agosto de 2014

LA MANTILLA

                                        


   

Publicada en la revista de Fiestas Mayores de Elda.
 Septiembre, 2014



   Todo estaba casi a punto para la celebración del cuarto centenario de la llegada de los Santos Patronos. Al día siguiente, la Plaza Castelar sería un magnífico escenario. El coro tenía ya su sitio preparado y quedaba justamente bajo del balcón de mi casa. Podría decirse que estábamos en primera fila, pero había un obstáculo: un frondoso árbol había trepado ocupando todo el espacio que había entre mi balcón y la panorámica del escenario, parte de la zona de las sillas y la tarima del coro.

   Se podría disfrutar del ambiente, pero con poca visibilidad. A mí, me daba igual, pues yo tenía reservado mi sitio: cantaba en el coro. Lo sentía por mi madre, pues no podría disfrutar plenamente de la celebración si se quedaba en casa, y bajar al jardín le resultaba un gran esfuerzo por su limitada estabilidad que le impedía estar de pie.
   A principios de septiembre, el tiempo suele sorprendernos con alguna tormenta, y esos días estábamos un tanto expectantes. Temíamos que se empañase aquella celebración. Al final, tuvimos suerte, pero la noche anterior se movió una fuerte ventolera. Por la mañana todo estaba en calma y cuál sería nuestra sorpresa, cuando vimos que el impresionante árbol que tapaba nuestro objetivo ¡estaba en el suelo! Por suerte no había causado ningún daño. Tuvieron que apresurarse en cortar y retirar todas las ramas para que todo estuviera a punto para la hora de los actos. Y mi balcón, en primera fila.
   Todo fue muy emotivo, pero hubo algo que hizo aquel día aún más especial: cuando mi madre vio aparecer a la Virgen, sacó una mantilla de blonda y la sacudió al viento.

 

   Una mantilla de blonda
voló acariciando el viento
perfumado por la imagen
de la Virgen, y un recuerdo.

   Como una preciada joya,
envuelta en papel de seda,
conservaba el dulce aroma
de mi madre y de mi abuela.

   Con solo dieciséis años,
allá en el mil novecientos,
la estrenó para acoger
al siglo en su nacimiento.

   Después, las dos la lucieron
en días muy señalados:
la misma celebración
y un espacio de cien años.

   Con veinte abriles, mi abuela,
en mil novecientos cuatro,
sublime acontecimiento
el del tercer centenario.

  Cien años después, mi madre,
con orgullo y emoción,
en el cuarto centenario,
el de la coronación.

 Con mimo la guardaré
y, aunque pasen muchos años,
en suave papel de seda
conservaré ese entusiasmo.

   Entre su encaje sutil,
siento un calor especial,
unas suaves vibraciones
que me dan cobijo y paz.

   Para mí, siempre será
la joya más apreciada
con tres madres habitando
en tan cálida morada.

   Esa mantilla de encaje
tiene candor, tiene luz.
¡Que siempre luzca radiante!
¡Oh Virgen de la Salud!
                                Marisol, 3-2-14

lunes, 28 de julio de 2014

LA GUITARRA

                                           


   Pulsaciones, en descarga,
de unos dedos manejados
por los resortes del alma.

   Acarician sigilosos,
danzarines, candorosos,
ese sexteto de juncos
que atraviesan la cintura,
buceando en las entrañas,
regalando sentimientos
que, en la noche, nos embargan.

   Dice bien aquel que dice:
“de madera son los versos,
los versos de la guitarra”.

                                           Marisol, 22-7-14
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